El camino más largo. ALBUM

Ya me lo decía mi madre: Ay, hijo mío... ¿Y qué será lo próximo?

lunes, 14 de agosto de 2017

El desertor profesional

El libro de Bardagí, con mi punto de lectura


Pere Bardagí es un señor esbelto que hace cosas para el reír suyo, mientras pasa la vida tocando muy bien el violín en todos los discos que van apareciendo en España y otras pedanías, con artistas de diferentes estilos de peinado, como este o este. También es compositor contemporáneo como escucharás aquí y hace otras cosas como cocinar paellas y doblaje de vídeos y todo ello queda escrito en este libro que parece ficción -porque la realidad es muy aburrida si tienes miedo de hacerla divertida- pero no lo es.

El desertor profesional (Ed. Sloper, 2010) es un título excelente porque juega con el doble sentido (de profesión, desertor o el que va abandonando todas las profesiones) y define muy bien la propia historia del autor. Los músicos entendemos este libro pero todavía será más sorprendente para los que no lo son, porque además de reírte con sus aventuras, podrás desmitificar nuestra profesión y ver "la otra cara".

Me identifico y reconozco en el libro. Yo hacía estos puntos de lectura para mis conciertos como cantautor en Barcelona. Aprovechando mi anonimato -en el que sigo inmerso- me hacía gracia presentarme como el violinista acompañante de Vicente Llorente y hablar mal de él mientras esperábamos todos a que por fin llegara. La única referencia que tenían era este punto de lectura. Por supuesto, Vicente Llorente no llegaba nunca a la actuación, que terminaba con un tema latino interpretado con el violín y todos cantando "Esto es diferente sin Vicente Llorente", con algarabía y jolgorio liberador.


Te recomiendo fervorosamente este libro y que vivas con esa filosofía. Entenderás cosas como "O se seca, o se habla con el padre". No te aburrirás.

lunes, 24 de abril de 2017

PROHOMBRES Y BODAS


Esto fue en 1996 o 1997. Ya ha prescrito.

Estaba cursando los últimos años de violín en el conservatorio y me llamaron para hacer una boda “por todo lo alto”. Fui a hablar con la madre de la novia y, mientras soltaba toda una retahíla de próceres que acudirían al evento, yo iba sumando precio porque no me interesaba nada pasar por ese trago, con la idea de que rechazaran mi participación. Querían que tocara en cada mesa durante la cena, de aquí a allá, y además una composición original, un vals, para que los novios abrieran el baile. 


- ¿Sabes quién será el padrino?

- No

- ¡El presidente Eduardo Zaplana!

- Estupendo. Mi caché es de…


Sé que estuvo a punto de decir que aquello era una barbaridad, pero como están acostumbrados a guardar la compostura, aceptó con una sonrisa de esas que te lanzan como el que llora. Me hundió, pero al menos volvería a casa con la sensación de haberles robado, algo insólito porque normalmente siempre ocurre al contrario.

De camino a la mansión, en mi Renault 5 rojo, caía sobre mi violín todo el peso de la justicia y pensé en dar la vuelta unas diez veces como mínimo, pero allí llegué, vi y violín.

Me puse a ello sin pensar mucho, incluso disfrutando, intentando empatizar con el que esa noche era mi público. En una de las mesas colocaron a los menores, de diez a diecisiete años. Toqué alguna banda sonora acorde con sus edades y al acabar, me aplaudieron. Todo normal, hasta que uno de los chicos dijo: “Muy bien, ahora dime dónde está el váter que me estoy meando”, entre las risas de sus primos y vecinos de mesa. Le respondí: “¿Ves la piscina? Lánzate y te meas dentro”, contestación arriesgada que hizo las delicias de la púber mesa, que señalaba al chaval y me despedían con algarabía. Pajaricos.

Pensando que acabarían echándome de allí, así, como el que no quiere la cosa, de mesa en mesa, llegué a la principal, la de los novios. Al verme, el señor Zaplana se levantó y extendió su mano hacia mí, mientras yo ya estaba tocando. Le dije:”No, gracias. Yo sólo he venido aquí a trabajar”, a lo que Eduardo respondió sentándose de nuevo y redireccionando su mano al plato de ostras, todo ello sin perder la sonrisa.

En ese momento sabía que me iban a expulsar del ágape, pero como la comida debía de ser magnífica, todos estaban absortos en sus quehaceres y subcontratas. Nadie dijo nada al respecto y yo, además, ya había cobrado por adelantado, cosa importante en estos eventos con tantas personalidades de renombre. Luego pasé por todas las mesas y abrí el baile con mi vals para los novios, partitura que entregué a la pareja, deseándoles la más fructífera de las negociaciones.

No podía creer que todo hubiera acabado, que yo dijera lo que dije, y que estuviera sonriendo de camino a casa, con mi Renault 5 rojo. 

Tampoco es para tanto, dirán algunos. Pues a mí, me sonó a victoria.

martes, 11 de abril de 2017

RAZA HUMANA

En su atávico miedo a vivir, decidieron enfocar ese temor en la muerte, siendo ésta la única certeza que tenían.

Algunos de ellos, los que miraban cara a cara a la razón, capitalizaron el distraído miedo a morir de la mayoría e inventaron las religiones, con nombres, apellidos y dioses dispuestos a responsabilizarse del miedo de los demás.

Formas peores hay de buscarse la vida.

Más tarde, llegó el fútbol para incluir en ese juego a los ateos, que se creían a salvo de tamaña estulticia.

Y eso es todo.



teLlo Antares (Inéditos, 2008)

viernes, 28 de octubre de 2016

Pablo Auladell, Premio Nacional de Cómic 2016

Me llega la feliz noticia del reconocimiento a Pablo Auladell con el Premio Nacional de Cómic 2016 por su obra El Paraíso Perdido, una recreación del clásico de John Milton. Lo llamo inmediatamente y me dice que ha estado todo el día recordando nuestra reunión en Alicante para hablar de este proyecto, allá por el 2010, cuando desde la editorial Huacanamo le propusimos hacer el cómic. En 2012 salió un volumen con los dos primeros capítulos y finalmente la editorial Sexto Piso publicó esta maravillosa versión del poema épico completo. Estoy muy contento con la labor de esta editorial, ya que ha hecho posible el libro con el que Pablo, amigo desde nuestras primeras canciones compartidas, consigue un galardón tan importante. Emocionado, incluso. Tanto, que hago una foto de las dos portadas juntas y veo que todo encaja. El proyecto en su inicio y después la eclosión, que se mira como diciendo “lo he conseguido”.


John Milton (1608 - 1674) fue una de las figuras más importantes del panorama literario inglés junto a Shakespeare. Se atribuye a la influencia de su obra cumbre, El Paraíso Perdido, la aceptación y difusión del verso blanco y el origen de un tópico literario.
Pablo Auladell (1972) es ilustrador e historietista. Es el autor perfecto para esta obra. Consigue transmitir, con la poesía de sus imágenes, la lucha del protagonista frente a la resignación y la adversidad, trazando líneas nebulosas y difusas donde las palabras de dioses terribles resuenan cavernosas e irrefutables.

Cuando Milton, ya ciego, dictaba a sus hijas estos versos, se preguntaba sobre el origen del caos y la maldad que oscurece la historia humana. Esos interrogantes adquieren ahora una profundidad inquietante cuando nos sentimos arrojados del mundo idílico e irreal en el que nos habíamos acostumbrado a vivir. Como dice la Agencia EFE en la nota de prensa: “Sus críticas a la monarquía absoluta y reflexiones sobre la libertad del hombre, el libre albedrío y el sentido de la religión lo convierten en muy actual”. 

Enhorabuena, Pablo. Enhorabuena, Sexto Piso.